Patricia Cubria Diputada Provincial
Martes, 20 Diciembre 2016 11:29

Sobre el 20 de diciembre de 2001 y la lucha contra el neoliberalismo

A 15 años de las jornadas del 19 y 20 de diciembre que cambiaron el rumbo de nuestro país, cuando el pueblo salió masivamente a las calles para poner fin a un proyecto neoliberal que sumergió a millones de argentinos en la exclusión y la pobreza, es importante reflexionar sobre aquellos días y analizar la actual coyuntura para avanzar en una estrategia del campo popular frente a un gobierno que nuevamente representa a los intereses de los grandes grupos económicos. 

Por un lado, no nos debemos olvidar y dejar de homenajear a los compatriotas asesinados por las balas de un gobierno en retirada que no le tembló el pulso para decretar el estado de sitio y dar la orden de reprimir a un pueblo movilizado. Tampoco podemos dejar de señalar que el poder judicial, una vez más, no ha avanzado en condenar la responsabilidad política, con el ex presidente Fernando De la Rúa a la cabeza, de tanta sangre derramada. 

El estallido social del 2001 expresó la culminación de un proceso de lucha iniciado durante la década del 90, cuando sindicatos combativos y las organizaciones que integraron el movimiento piquetero y de Desocupados salieron a las calles para dar pelea contra la marginación, el hambre y el desamparo que padecieron gran parte de los trabajadores argentinos y los sectores más vulnerables, consecuencias de las políticas neoliberales del menemismo.

Hoy nos enfrentamos nuevamente a un gobierno que es la cara visible de un proyecto político que ha iniciado el recorrido para insertar a la Argentina en el mundo neoliberal. Los representantes de las corporaciones económicas están sentados en la Casa Rosada y sus medidas han significado una descomunal transferencia de ingresos de los sectores populares a los grandes grupos económicos. 

Aunque nos encontramos en un periodo de repliegue frente al avance de la derecha, la diferencia con la lucha y la resistencia durante la “segunda década infame”, es que hemos logrado construir organización y poder popular con una fortaleza territorial y representación federal que no teníamos en los ´90. Asimismo, el conjunto de nuestro pueblo ha adquirido mayores niveles de conciencia en la última década que permitieron poner límites, por medio de la movilización popular, al modelo económico de Macri.

Por otro lado, la experiencia de haber avanzado en la sindicalización de los sectores populares, a través de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), nos permite dar la pelea social desde un nivel de organización mucho mayor a los años noventa con más acumulación poder popular y las herramientas necesarias para enfrentar la lucha del sector e imponer nuestras reivindicaciones en la actual agenda política, que es claramente adversa a los intereses populares. Hemos conseguido la institucionalización de una herramienta de defensa de los derechos de los excluidos, de los últimos de la fila de la clase trabajadora, en medio de una cruel realidad económica y social. Esta fase actual del capitalismo financiero, globalizado y tecnocrático, genera a nivel mundial exclusión social, hambrunas, guerras y muerte al mismo tiempo que genera una descomunal concentración de las riquezas en pocas manos y promueve de manera perversa la entronización del dios dinero y del consumismo como valor último de la vida. Vida que le es vedada a miles de millones de habitantes del mundo quienes no tienen acceso a derechos humanos tan básicos como la alimentación, el agua, la Tierra, el Techo y el Trabajo.

Este no es un planteo abstracto ni mucho menos sólo teórico, es una realidad a escala global que también padecemos en Argentina. Como fuerza política y social somos conscientes de esta realidad y luchamos permanentemente para evitar los estragos que provoca la voracidad capitalista en la vida de nuestros hermanos y hermanas. Es así como intentamos cotidianamente reparar el enorme daño que provocan estas políticas económicas dignificando a nuestros compañeros, organizándonos y construyendo poder popular en cada rincón de nuestra patria.

Hace unos días, el Congreso de la Nación convirtió en ley la Emergencia Social, donde se establece por primera vez en la Argentina un Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular, Salario Social Complementario y, a partir de la primera Paritaria de la historia del sector, el Estado tiene la obligación de destinar 35 mil millones de pesos para los trabajadores de la economía popular. 

El hecho de que esta iniciativa se haya materializado, es producto de la lucha y la movilización popular, que, desde aquella marcha del 7 de agosto, Día de San Cayetano, vienen generando la legitimidad y la unidad con el resto de la clase trabajadora como la multitudinaria jornada del 18 de noviembre junto a la CGT y las otras centrales obreras, para imponer los reclamos de los trabajadores más humildes, de los nuevos descamisados, en la agenda política. 

En un año sumamente adverso para los sectores populares, esta victoria parcial nos demuestra en los hechos concretos que es posible modificar la correlación de fuerzas frente al bloque dominante que hoy gobierna la Argentina. Y esa correlación de fuerzas se va modificando con la lucha y la organización del pueblo, no con discursos palaciegos adornados de argumentos falaces que funcionan como el Tero que chilla como oposición, pero en la práctica trabaja para el oficialismo porque no modifica las condiciones objetivas de nuestro pueblo.

Tenemos un enorme desafío por delante que es darle una salida política a la unidad social y sindical que fuimos construyendo al calor de la lucha. En primer lugar, porque sabemos que sin una salida política puede devenir un estallido que sólo es negocio para que los poderosos llenen aún más sus bolsillos a costillas de la inmensa mayoría del pueblo y no vamos a permitir que, como fue durante la represión del 2001, los muertos los ponga el pueblo.

Al mismo tiempo, en esa salida política que planteamos, debemos avanzar en la conformación de una unidad aún mayor con todos los sectores afectados por este modelo económico que nos permita construir un gran frente nacional que derrote al macrismo en las urnas.

La tarea no es para nada sencilla teniendo en cuenta la dispersión y los egoísmos que a veces reinan en los momentos de definición electoral. Lo que sí tenemos claro es que tenemos la voluntad de construir esa mayoría y que lo vamos a hacer parados desde un lugar concreto que es defendiendo el derecho a una vida digna para nuestros compatriotas humildes y trabajadores.

Nuestra lucha política tiene que ver con la felicidad del pueblo y la construcción de una patria justa, libre y soberana.

El 2017 nos va a encontrar poniendo todas nuestras fuerzas y nuestras convicciones para no tener que optar entre “lo que hay” sino para poder verdaderamente elegir un proyecto político que encarne nuestros sueños de amor y de igualdad.

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